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Anson Ford Amphitheatre
2580 Cahuenga Blvd. East
Hollywood, California 90068
Tel. (box office): 323.461.3673

The Latin American Cinemateca is pleased to present at the Anson Ford Amphitheatre Últimos días de la víctima, a key Argentine political thriller of the 1980s, based on the novel of the same title by José Pablo Feinman.

 Adolfo Aristarain, born in Buenos Aires in 1943, first caught the attention of Argentine critics with a tightly scripted crime picture La parte del león (1978).  It showed that genre films in the style of the American noir could also be made far from Hollywood.  Aristarain brought to his subsequent works set in present day Argentina, A Time for Revenge (1981) and Últimos días de la víctima, a very marked political slant, couched in classic American genre conventions.  This combination of a noir style and a strong ideological voice had not been seen in Argentine cinema until then.  Unlike other filmmakers of the decade, Aristarain was not looking for a niche as an “auteur”, a director expressing a personal world, in the European tradition.  He was refreshingly interested in reaching a large audience, domestically and abroad.  A Time for Revenge established his name internationally and its commercial success led Aries Cinematográfica, the production company founded by Fernando Ayala and Héctor Olivera, to underwrite the cost of this fifth film.  (Besides A Time for Revenge Aries had also produced Aristarain’s second and third films, two musical comedies that had been popular hits).

 Últimos días de la víctima is, on the one hand, an intriguing porteño variation on the crime film, and on the other a not so veiled political comment on one of Aristarain’s favorite topics until today:  the alliance between big business and the powerful. A film like this, set in the early 1980s, pointed out – quite unambiguously - to the military junta and its civilian entourage, running the country since the coup of 1976.   

The plot focuses on Mendizábal, a professional killer played by the notable Argentine actor Federico Luppi, and a frequent protagonist of Aristarain’s films.  His job is to track and eliminate a mysterious and sexually promiscuous Mr. Kulpe (Arturo Maly).  Paying homage to Hitchcock’s Rear Window and Coppola’s The Conversation, Aristarain slowly creates an atmosphere of paranoia and secrecy by restricting the plot information to what the protagonist can see, hear or infer.  Thus the stage is set up for a surprising twist, which this brief introduction would not wish to reveal. 

Like A Time for Revenge, the political background is a given that needs no comment or further exploration: it is a world of corruption, impunity and powerful economic interests preying on the little people.  The context is unequivocally set in the introductory sequence when Mendizábal’s occupation is revealed: his victim (Julio De Grazia) is a despicable individual who has swindled several hundreds of workers participating in a government-sponsored plan for inexpensive housing, with the complicity of State officials.  But unlike A Time for Revenge and A Place in the World (1991), another key Aristarain film, also with Luppi, the protagonist is no Capra hero making an ethical stand against pervasive corruption.  His moral and psychological opacity becomes the linchpin of a thriller interested in showing that Buenos Aires, with its gallery of shady characters, can also be an effective locale for a plot of noir corruption.

By showing that human behavior and its motivations are never transparent or straightforward – as a Spanish reviewer noted in 1986 – Aristarain has made a valid contribution to the crime film, a genre particularly suitable for twentieth century angst and moral blindness.

María Elena de las Carreras, Ph.D.

 The author is a Fulbright scholar from Argentine.  She has a Ph.D. in Film Studies from UCLA.

 

         

La Cinemateca Latinoamericana de Los Angeles tiene el gusto de presenter en el Anfiteatro Anson Ford un thriller político argentino clave de los años ochenta, basado en la novela homónima de José Pablo Feinman: Últimos días de la víctima.

Adolfo Aristarain, nacido en Buenos Aires en 1943, captó la atención de los críticos argentinos cuando estrenó el policial La parte del león (1978).  Demostró que una película de género al estilo del cine negro norteamericano podia rodarse lejos de Hollywood.  A sus largometrajos subsiguientes, Tiempo de revancha (1981) y Últimos días de la víctima , ambientados en una Argentina contemporánea,  Aristarain les dio un marcado sesgo ideológico, siempre dentro de las convenciones del género norteamericano.  Esta combinación de un estilo negro con un contenido político constituía una novedad en el cine argentino.  En contraste con otros realizadores de la década, Aristarain no buscaba definirse como “autor”, es decir un realizador deseoso de expresar un universo personal, en la tradición europea.  Le interesaba, al contrario, llegar al gran público, nacional e internacional.  Tiempo de revancha consagró su nombre y este éxito de crítica y taquilla llevó a Aries Cinematográfica – la empresa productora fundada por Fernando Ayala y Héctor Olivera – a financiar el largometraje que veremos hoy. (Además de Tiempo de revancha, Aries también produjo dos comedias musicales del director, rotundas éxitos de público).

Por un lado, Últimos días dela víctima constituye una variante porteña del género policial, y por otro un comentario poco velado sobre uno de los temas predilectos del director hasta hoy:  la alianza entre el mundo de los negocios y la gente poderosa.  Una película como esta – ambientada sin ambages en los años ochenta – desnudaba a la junta militar y al entorno civil que gobernaba el país desde el golpe militar de marzo de 1976.

La historia se centra en Mendizábal, un asesino professional interpretado por el notable actor argentino Federico Luppi, un colaborador frecuente de Aristarain.  Su ocupación es rastrear y eliminar al misterioso señor Kulpe (Arturo Maly), un individuo de gran promiscuidad sexual.  Rindiendo homenaje a La ventana indiscreta, de Alfred Hitchcock, y La Conversación, de Francis Coppola, Aristarain va creando con minucia una atmósfera de paranoia y misterio al restringir la información de que dispone el protagonista, según lo que ve, oye o deduce.  De esta manera se prepara una vuelta de tuerca sorprendente, que esta breve introducción al filme no tiene intención de develar. 

Como ocurre en Tiempo de revancha, el contexto político no necesita mayor explicación:  es un universo de corrupción, impunidad y poderosos intereses económicos que explotan a la gente humilde.  La secuencia inicial, donde se describe la ocupación de Mendizábal, resulta suficientemente explícita:  su víctima (Julio De Grazia) es un sujeto despreciable, que ha estafado, con la ayuda de funcionarios oficiales, a varios cientos de obreros que participaban de un plan de viviendas patrocinado por el gobierno.

Pero a diferencia de Tiempo de revancha y Un lugar en el mundo (1991), un largometraje clave en la obra de Aristarain y también interpretado por Federico Luppi, el protagonista no es un héroe como los de Frank Capra, cuya postura ética es un cachetazo a la corrupción generalizada.  La opacidad moral y psicológica  del protagonista constituyen la piedra angular de un thriller interesado en mostrar como Buenos Aires, una galería de personajes siniestros, también puede funcionar como un espacio para el cine negro.

Al mostrar que el comportamiento humano y sus motivaciones rehuyen la transparencia y la simplicidad – según señaló un crítico español en 1986 – Aristarain ha realizado una contribución valiosa al género policial, un tipo de cine adecuado para expresar la angustia y ceguera moral del siglo veinte. 

María Elena de las Carreras, Ph.D.

 La autora, nacida en la Argentina, se dedica a la crítica cinematográfica en Los Angeles.

Obtuvo su doctorado en cine en UCLA.

        


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last updated on 5.12.2005